Cine de ida y vuelta #Granada

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En cierto modo, Nueva York ha unido sus vidas. Carmen se fue sin beca, persiguiendo el sueño de vivir y trabajar allí, con el dinero que había ahorrado, tras años de trabajo en programas informativos, y con la indispensable ayuda de sus padres. A ella acudió Dani el día que determinó hacer las maletas para hacer el mismo máster en la New York Film Academy (NYFA). Tenían una amiga en común. Gracias a ella, él se fue con la cabeza llena de ideas y el contacto de Facebook de la que un par de años después sería su productora en el primer largometraje de su carrera, Encontrados en NYC. “Yo la conocí bailando Los Chichos”, dice Jorge refiriéndose a Carmen, “en un bar de Williamsburg”, termina ella con la risa cómplice de todos los que han vivido y construido esa red de personas convertidas en familia cuando sus vidas se cruzaron más allá del Atlántico.

Rocío los conoció cuando viajó de Los Ángeles a Nueva York para hacer la preproducción de Orensanz, el documental que estrena en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Ella fue la mentora de Jorge cuando, como a ella, le concedieron la beca Talentia de la Junta de Andalucía. Si no llega a ser por la beca jamás se hubiera planteado seguir con su formación “y mucho menos en el extranjero, y mucho menos en una escuela tan cara”. “Igual no hubiera terminado haciendo cine porque no hubiera tenido la oportunidad de parar un momento de trabajar para ganarme la vida –continúa–. Porque trabajas para pagar el alquiler y pagar las facturas en lo que te salga, seamos sinceros, ¿en qué momento de tu vida vas a tener la oportunidad de tener un sueldo al mes haciendo algo que te encanta?”.

Para Jorge la beca Talentia era la oportunidad de abrirse al mundo. “Jorge es justo el perfil Talentia, una persona que ya está despuntando profesionalmente y le ofrecen una proyección internacional”, comenta Rocío. Él se fue a Nueva York haciendo lo que quería hacer, con dos guiones contratados que escribió mientra cursaba el máster allí. Eran los guiones de 30 años de oscuridad, una película documental, y Alfred y Anna, un corto de animación; ambos nominados a los Goya. “Irte fuera te cambia la perspectiva completamente, tanto personal como profesional –defiende Jorge–, no ya por los contactos que hagas fuera sino porque cuando piensas en trabajo ya no piensas en Sevilla ni Andalucía, piensas en global”.

Dani siempre ha tenido en la cabeza la pregunta de dónde quería trabajar. Cuenta que antes de irse fuera tenía un proyecto muy concreto de vida, un sitio determinado donde vivir y trabajar, pero que ahora tiene claro que él quiere trabajar donde le dejen: “Como lo que queremos es contar algo, vamos donde podamos contarlo y, por supuesto, sabemos de donde venimos, de donde procedemos, pero iremos donde nos dejen hacerlo”. Dani deja la puerta a hablar de los problemas con los que se encuentran los directores cuando planifican un rodaje en cualquier ciudad de España en contraposición a las facilidades que tienen cuando ruedan en Nueva York.

Cuentan que las instituciones de aquí tienen una visión del cine absolutamente recaudadora. Sin valorar que el aporte económico de una producción cinematográfica se produce más a largo plazo que a corto o medio. “¿Por qué todo el mundo quiere ir a Nueva York? –se pregunta Carmen–, porque es el escenario de multitud de películas y la gente vive cosas maravillosas en sus calles”. Es la magia de cuando una ciudad se convierte en personaje, que no es posible si las instituciones no apoyan y facilitan el rodaje de películas en ellas.

Con el tema de financiación de las películas se abre una discusión que rueda entre el fomento de las subvenciones públicas, las desgravaciones fiscales para inversores privados y un sistema de autogestión que garantice un fondo común que sirva para financiar el cine si retiran las subvenciones. Lo que en principio era un total desacuerdo entre ellos se va transformando en un recorrido entre los distintos modelos de financiación europeos, estadounidenses y latinoamericanos que se diluyen en la realidad de verse abocados a hacer cine independiente, no por elección propia sino por el baño de realidad que le da la actual situación de la industria cultural.

“O haces Casting, Orensanz o Encontrados en NYC dejándote el dinero y la piel o haces Los Vengadores”, dice Jorge al acusar a las instituciones de estar terminando los puntos medios. “Hay que resaltar una cosa –dice Rocío–, que [José Luis] Cienfuegos ha hecho una labor encomiable en el Festival de Cine Europeo de Sevilla apostando por el cine más independiente, más rompedor, más innovador y vanguardista, en Sevilla, que de primeras es una ciudad bastante conservadora”.

Además de las dificultades que se encuentran para grabar sus películas y para conseguir financiación, los creadores de cine independiente topan con otro handicap: los circuitos de distribución. Proyectar sus películas en salas sin la adecuada campaña publicitaria hace que proyectar unos días termine considerándose como un fracaso porque no conseguirían dar a conocer su obra. Para ellos los festivales como éste son en la práctica la única puerta abierta a los espectadores, aunque se vislumbran otras vías.

Jorge comenta la experiencia de las salas que han puesto en marcha cooperativas de cineastas de Madrid, donde tienen un espacio para programar las proyecciones de sus películas a un precio asequible, de manera que sus obras tienen recorrido más allá de los ciclos de festivales a los que están abocados. Rocío incorpora las dos salas independientes que han abierto hace poco tiempo en Barcelona, donde además de programar el cine más independiente y radical, los espectadores tienen la oportunidad de conversar con el director después de la película. Y Dani interviene en favor de las plataformas de distribución online desde las que puedes ver estrenos de películas por muy poco dinero. Porque tienen la certeza de que el cine está más vivo que nunca, tanto por sus creadores como por los espectadores que están dispuestos a ver las apuestas más arriesgadas, siempre que los precios sean asequibles y la calidad sea buena.

Sobre el futuro, la incertidumbre que interfiere en sus vidas no es muy diferente a las que afecta al resto de jóvenes con los que comparten generación. Rocío trabaja en la actualidad en una escuela de cine de Los Ángeles y con la esperanza de futuro de tener y criar a sus hijos en Andalucía, afirma que “probablemente nunca tenga una casa en propiedad”. “Llevo haciendo esto desde los 18 años, ya no hay marcha atrás”, dice Jorge, el único de los cuatro que se gana la vida haciendo cine, guionista de encargo pero sin el tiempo y los recursos para desarrollar una carrera como autor. Y Dani, que da clases en una escuela de cine, con la mirada fija en el futuro, en el desarrollo de su carrera personal concluye: “Hay amigos míos que han decidido tener una vida, yo tengo una película”.

via Portada de DIAGONAL http://www.diagonalperiodico.net/culturas/20992-cine-ida-y-vuelta.html

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